Usted balbucea como los idiotas, se ríe como las hienas, se rasca como los sarnosos, come como los cerdos, bebe industriales cantidades de alcohol, dice que trabaja pero la verdad es que no hace otra cosa que manosearse la entrepierna.
Usted es una escoria y es conciente de ello, sin embargo... existe.
Sentada bajo la copa de algún árbol, bebía de su sombra, escuchando como las hojas le cantaban al viento.
Sin prisa ni permiso, el sueño venció mis párpados sumergiéndome en paraísos cálidos y humeantes, con olor a tabaco en las ropas, mi pelo incendiándose, casi ave fénix.
De pronto, mis ojos se abren con prisa, y un anciano con pipa en mano, me dice que están listos para partir, alzo la mirada hacia el cielo, pues parece que lloverá, tomo mi saco enciendo un cigarrillo, y espero, porque los que parten son los minutos que he perdido, mientras los otros se tragaban los relojes de la sala.
Es tan corta tu ausencia que ya comienzo a extrañarte, ahora solo me quedan tus palabras aplastadas entre las hojas de los libros, queda tu voz en el recuerdo, tus poesías hechas canciones, pero te extraño, leo las noticias y las lágrimas me mojan la cara.
Me intrigan los versos que escribirás sobre las hojas del viento, aunque sé que algún día nos conoceremos.
No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo.
Y estaré sola el día de mi cumpleaños, cuando por fin aparezca mi primer carie, la primer arruga que corte mi rostro, estaré sola cuandola nostalgia me atrape entre las sombras, cuando los dolores del alma sean similares a los del cuerpo, y aún cuando recuerde el nombredel último que se atrevióa romper mi corazón.
No estoy. No la conozco. No quiero conocerla. Me repugna lo hueco, la afición al misterio, el culto a la ceniza, a cuanto se disgrega. Jamás he mantenido contacto con lo inerte. Si de algo he renegado es de la indiferencia. No aspiro a transmutarme, ni me tienta el reposo. Todavía me intrigan el absurdo, la gracia. No estoy para lo inmóvil, para lo inhabitado.
¿Qué desventuradas sorpresas narran el viento y los relámpagos? ¿Acaso es el canto abrumador de las leyendas? ¿O es la memoria del comienzo?
La lluvia puede ser esa niña hermosa, haciéndose rogar, pero que al llegar, carece de imposibles.
Quizás sea el llanto de la madre de madres, llamada Naturaleza, lamentando la muerte de sus hijos asesinados en manos de ambiciosos inescrupulosos, ciegos que jamás entenderán la inocencia que emanaban tus hijos.
Llora sobre mi hombro, esta noche es solo tuya... ...................................Naturaleza...