
Quiso respirar en el agua,
hasta que descubrió que no era una sirena,
y que el pez por la boca muere...
Supo leer el mensaje del viento,
a leer las palabras que irradian los ojos,
cuando el silencio es el ruido.
Bailó sobre su pecho,
se cubrió de espinas,
pero no alcanzaba,
la cerveza caliente
seguía siendo vino,
el humo su aire,
y su corazón
el único músculo muerto.





















