miércoles, 22 de julio de 2009

Tarde lluviosa

La lluvia no cesa,
un perro espera en la puesta vecina,

pero nadie abre,

en el patio las plantas

yacen relucientes,

vivas,

quizás por el día gris
y helado.


Las llamas bravas

y ese calor tan bendito,

como el té que lentamente
va alivianando la fría siesta.



El cigarrillo aún no se consume,

no, como las líneas de esta hoja,
otra vez,

me hipnotiza el paisaje,

hasta que golpean la puesta,

y no es más que el vendedor
de perfumes de imitación,
después de unos minutos,

las muñecas emanan
un aroma
insoportable,

río al compás del tiritar
de aquel empapado
y desafortunado vendedor.


(Y digo)

gracias pero ninguno me convence,

(tono cínico)

disculpe,

y gracias otra vez
por las molestias.


Cierro la puerta,
y enciendo el octavo cigarrillo vespetino.

1 comentario:

la damisela combatiente dijo...

guau!cada vez que lo algo tuyo es como si me trasladara a lo que cuentas!
Un saludo!